Nº 24 de Tiempo de Pasión

Nº 24 de Tiempo de Pasión

Ayer se presentaba el nº 24 de la revista sobre la Semana Santa de Cantillana Tiempo de Pasión. Y la onceava que yo diseño. Una década (que se dice pronto). Este año, por primera, vez he tenido la osadía de escribir la editorial que dejo a continuación.

 

A las cigüeñas les gusta tanto nuestro pueblo que ya no emigran a zonas más cálidas. Prefieren pasar frío apostadas en los campanarios y espadañas cantillaneras que abandonarnos y perder de vista la silueta “adusta y osca” (como la describió Clarín) de Sierra Morena. Por eso, la vuelta de las golondrinas y sus acrobáticos vuelos por Castelar, Buenavista o Cantarranas, son los que avisan que se acerca el Tiempo de Pasión.

Un año más, querido vecino y lector, tiene en sus manos esta publicación. Cada cuaresma vuelve a las casas, antaño encaladas, para dar testimonio de la vida de nuestras hermandades de penitencia. Sirve pues como anuncio, agenda y anuario de cada cofradía. Pero imaginemos lo interesante que hubiese sido una publicación de este tipo en el siglo XIX, por ejemplo. Cuántos datos, fechas de estrenos y autorías o donaciones conoceríamos con exactitud. Esa es la principal labor que Tiempo de Pasión desempeña ya a sus veintitrés años de edad: guardar con celo para generaciones futuras estas crónicas cofradieras de Cantillana. Su historia.

Pronto, el pueblo se impregnará de ese olor a enmelado de pestiños, piñonate y torrijas. Se plancharán túnicas de nazareno con el esmero con el que se hacen aquí las cosas. Al atardecer, desde “el Lejío” resonarán ecos de trompetería que afina y los vecinos más cercanos al antiguo matadero, seguro que hasta escuchan alguna indicación a voz en grito de Carlos J. Carvajal quien, dirigiendo a sus músicos, dejará pulida y matizada cada nota, de cada compás, de cada marcha de las que interpretará la queridísima banda por toda Andalucía. Algunas noches sentiremos fuera el murmullo al hablar bajito de una muchedumbre y con el ruido chirriante de un viejo cassette mil veces escuchado, se intuirá de fondo una melodía, probablemente el empezar de Ione o Jesús de las Penas. Sorprendidos, primero nos preguntaremos, ¿qué pasa en la calle? Pero el rachear de las zapatillas en el suelo adoquinado y quizás, algún “venga de frente”, dejará claro que se trata de un ensayo de costaleros, dibujando sobre las fachadas en penumbra la fantasmagórica sombra de la parihuela vacía. Y entonces sabremos con certeza que el Tiempo de Pasión ha llegado a Cantillana. Feliz cuaresma a todos y buena estación de penitencia.